EDICIÓN 2026
LOS CLÁSICOS A ESCENA
Del 9 al 15 de noviembre, en el Teatro Calderón de Valladolid y extensiones
AVANCE DE LA PROGRAMACIÓN
¿Por qué hablar de los clásicos para la infancia y la juventud ahora?
Según Bruno Bettelheim, los clásicos son fundamentales para los niños porque ofrecen un apoyo simbólico para procesar conflictos emocionales, miedos inconscientes y dilemas existenciales. Ayudan a desarrollar la moralidad, la autoestima y la autonomía, y a comprender mejor el mundo.
Como cada año, elegimos un lema y este año es: “Los clásicos a escena”.
Dado que este año cumplimos 28 años de Encuentros TE VEO y 30 años como asociación, creemos que ha llegado el momento de abrir esta reflexión.
Porque, después de 28 ediciones, los propios Encuentros se han convertido, por méritos propios, en unos clásicos. Forman parte del patrimonio cultural de Valladolid, del lugar en el que suceden cada año, pero también del panorama teatral de nuestro país, porque sus ramas se han ido extendiendo a diferentes puntos de nuestra geografía. Y, quizás por eso, este año nos parecía especialmente apropiado preguntarnos: ¿qué es un clásico y qué hace que una obra, un autor, un festival o una tradición consiga permanecer en el tiempo?
¿Qué consideramos un clásico?
Se considera clásico a un autor o a una obra principal o notable, digna de imitación en cualquier arte. Tradicionalmente, por teatro clásico entendemos la literatura dramática escrita antes del periodo realista. Pero quizá esta definición se nos quede un poco corta. Porque, si pensamos que un clásico es simplemente aquello que pertenece al pasado, corremos el riesgo de convertirlo en algo estático, encerrado en una vitrina y alejado de nuestro presente.
Italo Calvino planteaba una idea que puede ayudarnos a mirar los clásicos de otra manera: son obras que nunca terminan de decir lo que tienen que decir. Obras que pueden volver a nosotros en diferentes momentos de nuestra vida y que, al releerlas o volver a encontrarnos con ellas, pueden decirnos algo distinto.
Por eso, un clásico es una obra que permanece viva. Una obra que puede ser leída, representada, reinterpretada y discutida por generaciones diferentes y que sigue teniendo algo que decirnos. Y ahí aparece una pregunta que para nosotros resulta fundamental: ¿puede un niño o una niña encontrar algo suyo en una obra escrita hace cientos de años? Nosotros creemos que sí.
Los grandes temas no tienen edad
Este año, en los Encuentros nos proponemos ir en busca del tesoro de la dramaturgia clásica adaptada a niños, niñas y adolescentes, porque consideramos que muchas de estas obras son auténticas obras de arte, tanto por su belleza estilística como por su complejidad. Y precisamente ahí está uno de los grandes retos: los grandes clásicos hablan de asuntos que no tienen edad. Hablan del miedo, del amor, de los celos, de la amistad, de la familia, de la injusticia, del poder, de la pérdida, de la valentía, de la identidad, de la necesidad de ser aceptados y del deseo de descubrir quiénes somos.
Un niño puede no conocer todavía el contexto histórico de una obra de Shakespeare, de Cervantes, de Lope de Vega o de Calderón. Puede no comprender todas sus referencias, su lenguaje o sus códigos. Pero puede reconocer perfectamente el miedo de un personaje, su deseo de ser querido, su necesidad de enfrentarse a una injusticia o su dificultad para encontrar su lugar en el mundo. Los grandes temas no necesitan traducción. Lo que necesitamos es encontrar la forma adecuada de acercarlos.
Adaptar no es simplificar
Y aquí aparece una de las cuestiones más importantes de estos Encuentros: ¿cómo adaptamos un clásico para niños y jóvenes sin quitarle aquello que lo convierte en un clásico? Adaptar no debería ser simplificar. Adaptar debería ser encontrar otra puerta de entrada.
Podemos cambiar el lenguaje, reducir la duración, transformar una estructura, utilizar objetos, títeres, música, imágenes, danza o nuevas tecnologías. Podemos modificar el espacio escénico y buscar nuevas formas de narrar, pero quizás el reto está en conservar aquello que permanece debajo de todos esos cambios: el conflicto, la emoción, la pregunta que la obra plantea. Porque un niño necesita que le demos una experiencia que pueda comprender desde su propio lugar y que, al mismo tiempo, le permita descubrir algo que todavía no conocía.
El peligro de hacer los clásicos demasiado fáciles
Existe también un cierto miedo cuando hablamos de acercar los clásicos a la infancia, pero probablemente estemos infravalorando a nuestros espectadores más jóvenes. Los niños y las niñas están acostumbrados a imaginar, a completar aquello que no se les cuenta, a hacer preguntas y a construir sus propias respuestas. El teatro puede ofrecerles precisamente ese espacio.
No tenemos que explicarlo todo. Tenemos que darles herramientas para mirar, escuchar, imaginar y hacerse preguntas, porque también forma parte de la experiencia artística encontrarse con algo que no entendemos completamente y salir del teatro queriendo saber más. Un clásico puede ser, precisamente, esa puerta que se abre hacia algo que todavía no conocemos.
El tesoro
Este año queremos encontrar ese tesoro del que hablamos. Abrirlo. Mirar qué hay dentro y descubrir qué podemos hacer con él. No queremos acercarnos a los clásicos como quien abre un viejo baúl lleno de objetos que debemos conservar exactamente como estaban. Queremos abrirlo para descubrir qué sigue teniendo valor, qué nos sigue emocionando, qué podemos transformar y qué pueden encontrar dentro de él las nuevas generaciones; porque un tesoro no sirve de mucho si permanece escondido. Un tesoro tiene sentido cuando se comparte.
Y esa es también la intención de estos Encuentros: acercar ese patrimonio a niños, niñas y jóvenes, pero también a familias, profesionales, docentes, artistas y espectadores de todas las edades. Queremos que los Encuentros sean ese lugar donde podamos encontrarnos con los clásicos sin miedo, sin solemnidad y sin la obligación de admirarlos simplemente porque alguien nos ha dicho que son importantes. Queremos encontrarnos con ellos desde la curiosidad, desde el juego y desde la emoción.
Nosotros también somos un clásico
Después de 28 años de Encuentros TE VEO, quizá tengamos que hacernos también otra pregunta: ¿qué significa habernos convertido nosotros mismos en un clásico?
Un festival también puede envejecer. Puede repetirse. Puede acomodarse. O puede hacer justo lo contrario: aprovechar todo lo aprendido para seguir buscando. Quizá la verdadera condición para convertirse en un clásico sea precisamente esa: seguir teniendo la capacidad de hacerse preguntas.
Los Encuentros han cambiado porque han cambiado los artistas, los espectadores, las familias, las formas de crear y las maneras de mirar el mundo. Y, sin embargo, hay algo que permanece: el deseo de encontrarnos alrededor de las artes escénicas y de acercarlas a las nuevas generaciones. Por eso, celebrar 28 años de Encuentros no debería significar solamente mirar hacia atrás, sino mantenerlos vivos, porque quizá un clásico sea, en definitiva, aquello que alguien nos entrega y que nosotros tenemos la responsabilidad de volver a entregar, pero un poco más vivo de lo que lo recibimos.
Valgan estas siete llaves para abrir una pequeña rendija a ese gran tesoro que son los clásicos y que queremos compartir con todos vosotros y vosotras.
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